Milagros—Grandes y Pequeños

4 de junio de 2026

Vivimos en un mar de milagros, aunque solo reconocemos los grandes, e ignoramos los pequeños. De hecho, la mayoría de la gento solo considera a los grandes como verdaderos milagros. Uno de ellos ocurrió con Swami Kriyananda.

Malka, una anciana india, había llegado a Ananda Village con un grupo de peregrinos. Tras finalizar la peregrinación, fue a visitar a su hermana en Nueva York. Entonces ocurrió una tragedia—se cayó y fracturó el brazo tan gravemente que el cirujano no sabía si podría componerlo. Podría ser necesaria una amputación. Sola en un país extranjero, asustada y con dolor, no podía dormir. Esa noche Swami Kriyananda entró a su habitación, se sentó en su cama, y comenzó a acariciarle suavemente el brazo. “No te preocupes, Malka, todo va a salir bien.” Y así fue. La operación del día siguiente fue un éxito rotundo.

Lo milagrosos de la historia fue que Swamiji se encontraba en California en ese momento. Cuando le contamos acerca de Malka, dijo, “No tengo conocimiento de ese suceso.” Luego agregó algo que nunca hemos olvidado: “Pero el alma es perfectamente capaz de actuar sin el permiso del ego.”

Los grandes milagros son tan evidentes que solo los cínicos más empedernidos pueden dudar de ellos, pero los pequeños milagros nos ocurren a diario, y solemos descartarlos como “coincidencias afortunadas.” Un milagro así ocurrió recientemente en mi propia vida.

Tengo una sobrina con un doctorado en Harvard. Recibí un mensaje suyo hace unas semanas. Tiene una hija con autismo y, como científica, estaba desarrollando un protocolo para trabajar con niños autistas. Hace muchos años, cuando era estudiante en el estado de Washington, estudió Ananda Yoga. Ahora quería saber si había algún profesor de yoga con quien pudiera trabajar en línea. La pusimos en contacto con uno de nuestros instructores principales en The Expanding Light (pulsa aquí para ver el enlace en inglés), quien también tiene un hijo autista. Encontrar una combinación tan mutuamente beneficiosa es, por sí sola, un pequeño milagro.

Pero la historia no termina ahí. Hace apenas dos días, durante una cena en Seattle, se lo mencionamos a nuestros acompañantes. Resulta que uno de ellos era precisamente el profesor de yoga que entrenó a mi sobrina hace quince años. Y no solo eso, sino que tiene un doctorado en yoga de una universidad en Bangalore, India, donde se han realizado muchos estudios sobre yoga y autismo. ¡Una combinación perfecta!

La vida misma es un milagro que Dios realiza a diario para nosotros. Además, si canalizamos nuestra fuerza de voluntad en una dirección positiva, Dios a menudo la potencia sutilmente. Una vez Devi quería comprar un juego en particular, “Apples to Apples,” como regalo de Navidad para nuestra familia. Había buscado en muchas tiendas sin éxito. Desanimada, se detuvo a comprar algunas cosas antes de volver a casa. En una de las filas de la caja había una madre lidiando con un niño cansado y quejoso. Los demás compradores, también agotados, evitaban esa fila, pero Devi prefirió quedarse detrás de ellos y ofrecer oraciones en silencio. Cuando estaba a punto de pagar, vio el juego que había estado buscando junto a la caja registradora. “¿Está disponible?” preguntó. “Sí,” respondió el empleado, “alguien decidió que no lo quería, y no hemos tenido tiempo de devolverlo a su estante.” Misión cumplida—y otro milagro silencioso.

Estos pequeños milagros, diría yo, son más importantes que los grandes. Son una conexión constante entre nosotros y Dios. Pero como un mago tímido, Él realiza sus pequeños milagros sin alardes. Depende de nosotros estar lo suficientemente atentos para reconocer Sus maravillas ocultas en nuestras vidas.

El Maestro comienza su gran libro, Susurros de la Eternidad (pulsa aquí para ver el enlace en inglés), con su oración: “Oh Padre, cuando estaba ciego no encontraba ninguna puerta que condujera a Ti, pero ahora que me has abierto los ojos encuentro puertas por todas partes: a través de los corazones de las flores, a través de la voz de la amistad, a través de dulces recuerdos de todas las experiencias hermosas. Cada ráfaga de mi oración abre una nueva puerta en el vasto templo de Tu presencia.”

En presencia de milagros,

Nayaswami Jyotish