La Mano Guía del Amor Divino
11 de junio de 2026
El amor del gurú por sus discípulos ves mucho más que un simple sentimiento. Se basa en una profunda comprensión de cómo alcanzar la libertad del alma. A veces este amor se expresa como un apoyo amable, otras veces como una guía impersonal, y en ocasiones lleva al discípulo al límite. Me gustaría compartir con ustedes algunas historias sobre cómo la mano amorosa y guía de Swami Kriyananda moldeó mi vida.
Cuando llegué a Ananda, había recibido una buena educación y me había ido bien académicamente, pero tenía pocas habilidades prácticas. Al ser nueva en las enseñanzas del Maestro, también me sentía espiritualmente insuficiente, lo que me hacía sentir tímida con Swamiji. Además, durante toda mi vida me habían inculcado la creencia de que el amor y la aceptación debían ganarse sobresaliendo en todo lo que uno hiciera.
Todos estos pensamientos autolimitantes afloraron una mañana cuando me pidieron que llevase el correo de Swamiji a su casa. Como de costumbre, él estaba muy ocupado escribiendo un libro. Mientras colocaba discretamente su correo en una bandeja junto a la puerta, levanto la vista, me vio, y preguntó:
“¿Podrías prepararme una taza de café entes de irte?”
“Sí, Swamiji,” respondí—aunque en realidad no sabía cómo hacerlo.
Sabía que tenía algo que ver con hervir agua, así que puse un poco de agua en una olla y la llevé a ebullición. Y hasta ahí pude llegar. El agua siguió hirviendo hasta que quedó muy poca. Swamiji debió darse cuenta de que había pasado suficiente tiempo, así que dejó su máquina de escribir y fue a la cocina a ver que sucedía.
Y llegó el momento de la verdad. Mirando la escasa cantidad de agua que quedaba en la cafetera, preguntó, algo incrédulo, “¿No sabes preparar café?”
“No,” respondí, bajando la mirada avergonzada. “Ahora,” pensé, “se dará cuenta de lo tonta que soy, y tal vez me sugiera que sería más feliz viviendo en otro lugar.” Pero no fue así.
Inclinó la cabeza hacia atrás, se rio, y me dio un abrazo cariñoso y paternal—la primera expresión de afecto tan personal que recibí de él. “Ven,” dijo, “te enseñaré cómo se hace.” Este fue un punto de inflexión importante para mí: ser amada y aceptada no por mis logros, sino a pesar de mis fracasos.
La segunda historia ocurrió unos años después. Había aprendido a conducir en Ananda en una vieja camioneta rural por caminos de grava llenos de baches, y aunque tenía muy poca experiencia conduciendo en el tráfico, logré obtener mi licencia de conducir. Un fin de semana Swamiji estaba impartiendo programas en San Francisco, y un grupo de nosotros lo acompañamos. El domingo por la tarde, mientras se preparaba para regresar a Ananda Village, dijo—para mi sorpresa—“Me gustaría que Devi me llevase a casa.”
“¿Qué estará pensando?” me pregunté con temor. “¿Realmente quiere arriesgar su vida?” Como nunca había conducido por una autopista y esperaba poder salir de ello, dije, “No conozco el camino, Swamiji.” (Esto fue antes del GPS).
“No te preocupes,” respondió. “Te guiaré.” Y así lo hizo—no solo con indicaciones, sino también infundiéndome una serena sensación de confianza al volante. Sin duda, esta habilidad no es esencial para encontrar a Dios, pero me estaba dando la fuerza interior para superar el miedo y los obstáculos—una fuerza que me sería muy útil en los años venideros.
Por último, está la experiencia de cómo Swamiji me guió para aprender a enseñar, lo que ha formado una parte importante de mi vida de servicio. Aunque yo había impartido algunas clases pequeñas en el Retiro, nunca había enseñado en grandes espacios públicos. Una vez él estaba dando un taller de tres días en el Palacio de Bellas Artes en San Francisco, al que asistieron más de quinientas personas. Con su habitual profundidad, claridad y magnetismo, dio clases maravillosas el viernes por la noche y todo el día sábado.
El sábado por la noche, Swamiji nos llamó por teléfono a Jyotish y a mí para decirnos, “Me gustaría que ambos dieran parte de la charla el domingo por la mañana. Yo hablaré primero y luego los llamaré.” Sería difícil expresar el pánico que me invadió esa noche. El domingo por la mañana, nos sentamos obedientemente en la primera fila del auditorio, esperando a que nos invitaran a subir al escenario. Las palabras que se repetían en mi mente eran: “No puedo hacer esto. No puedo hacer esto.”
Finalmente, cuando quedó claro que él estaba terminando su charla y que nos tocaría a nosotros, sucedió algo extraordinario. Casi físicamente, sentí su mano extendiéndose hacia mi mente con amor y apoyo. No recuerdo lo que dije durante la charla, pero hasta el día de hoy recuerdo claramente la sensación: “Si te abres y te haces a un lado, hablaré a través de ti.” Esta experiencia ha resultado ser una de las más decisivas de mi vida.
Así que, mis amigos, aunque el cuerpo de Swamiji haya partido, su amorosa guía no es cosa del pasado: continua hasta el presente para cualquiera que la busque en su interior. Como concluye el Maestro su hermoso poema “Cuando Solo Sea un Sueño”:
Y aun cuando solo sea un sueño para ti,
Vendré para recordarte que tú tampoco eres
Más que un sueño de mi Amado Celestial;
Y cuando sepas que eres un sueño,
Como yo lo sé ahora,
Estaremos siempre despiertos en Él.
En amistad divina,
Nayaswami Devi

