El Río de la Vida
9 de julio de 2026
Sentarse cerca de un río que fluye puede brindar una gran sensación de expansión y paz. Hace poco estuvimos en Minneapolis visitando a unos familiares cuya casa está a orillas del Río Mississippi, no muy lejos de su nacimiento. El río en esta zona es hermoso, sus aguas son puras, y a lo largo de sus orillas anidan magníficas águilas calvas y garzas azules.
Mientras nos sentábamos junto al río cada día para meditar en las primeras horas del amanecer, comenzamos a sentir que el Mississippi es un ser consciente que tiene mucho que enseñarnos. Nos recordó una experiencia similar que habíamos tenido hace algunos años, cuando nos alojábamos en una casa para huéspedes a orillas del Ganges, al norte de Rishikesh. En ambos lugares, al aquietar nuestra mente, los ríos nos hablaron.
Primero susurraron acerca de la naturaleza atemporal de la realidad. Externamente, el mundo puede parecer atrapado eternamente en ciclos de bien y mal, paz y agitación. Sin embargo, debajo de todo esto hay una presencia inmutable y eterna que fluye sin verse afectada. Es impersonal, pero conscientemente presente, y nos habla de una realidad superior que subyace a todos los cambios de este mundo. Aunque las gotas de agua nunca son iguales, el flujo del río permanece constante a través de los grandes ciclos del tiempo.
Luego, los ríos nos mostraron que albergan tanto corrientes suaves que reflejan la luz como remolinos espumosos agitados por rocas ocultas en el fondo. Estas corrientes reflejan la energía en nuestra propia columna vertebral. Cuando la mente está calma y centrada en su interior, la energía fluye suavemente hacia arriba, hacia estados más elevados de consciencia. Pero cuando los patrones de pensamientos negativos, los apegos o los deseos subconscientes que yacen bajo la superficie agitan nuestra mente, quedamos atrapados en remolinos turbulentos.
La práctica de la meditación y de Kriya Yoga ayudan a quitar estas rocas invisibles—los viejos samskaras, los patrones karmicos que nos mantienen atados a la ilusión. Gradualmente, con la práctica constante, podemos disolver estos bloqueos en nuestra columna, y una corriente interior reconfortante comienza a elevarse sin obstáculos.
Los ríos también nos hablaron de su entrega incesante para nutrir y sustentar la vida a su alrededor. Todos los grandes ríos—como el Mississippi, el Ganges, el Amazonas y el Nilo—han sustentado la vida en los continentes por los que fluyen, y en muchas maneras, han definido sus civilizaciones. Sin embargo, en silencio, con humildad, y a menudo sin reconocimiento, permiten que todas las formas de vida—dignas o indignas—sean sostenidas por las aguas que brotan de su seno. ¡Qué hermosa manifestación del amor de la Madre Divina!
Luego está el suave murmullo de los ríos que gradualmente se transforma en el sonido resonante de AUM—expansivo, omnipresente, un sonido que finalmente disuelve todas las formas individuales en la única vibración divina de Dios. Y este es el mensaje final del río para nosotros: al final, todo se funde en el mar infinito de la consciencia de Dios. Swami Kriyananda captura todos estos mensajes en su canción “La Vida Fluye como un Río (pulsa aquí para ver el video en inglés)”:
La vida fluye como un río
Que desemboca en el mar:
Un momento recorriendo valles de montaña,
Al otro serpenteando por la pradera.
Nadie puede detenerse en el camino:
¡Nadie puede convencer al tiempo de que se quede!
Las escenas fugaces pasan ante nosotros como un sueño.
No te aferres: ninguna será tuya.
Nunca te aflijas por estar solo.
Mira en tu interior: Ahí está tu hogar.
El libro de la vida nos sustenta a todos, hasta que finalmente renunciamos a nuestra existencia individual y nos fundimos en la paz de nuestra realidad superior—nuestro hogar en Dios.
Avancemos hacia ese gran océano de la Consciencia Divina.
Con alegría,
Nayaswami Devi